Mareque nunca ronca,
recostaito en su banco,
se le acelera la respiración
de cuando en cuando,
menea la barbilla
esbozando una mueca
en su boca sin dientes.
Tiene el sueño fácil,
hace años que olvidó
lo de contar ovejas,
está ya viejo,
solo suma pá el pico
y malamente.
Despierta envuelto en babas,
a veces perseguido
por monstruos innombrables,
otras recién salido
del regazo
aún tibio de su madre.
Mareque come poco
ya el cuerpo no le aguanta,
tanto fumarse el frío
en papeles de plata,
vivir del desvarío,
vagar como quien anda.
Pero llega la Gertrú,
la del tercero,
cuando cierra el del bar
y se va el panadero,
baja con un cacito
siempre caliente
y Mareque se sabe
superviviente de sus pucheros.
Haga frío o calor,
llueva, nieve o ventee,
la Gertrú siempre viene
y se bebe Mareque
un sol de medio día
que le anida en el vientre.













6 comentarios:
Siempre hay un Mareque a quien mirar y a quien extender una mano o un resto de algo.
Bonita y cálida entrada, a pesar de todo o precisamente por eso.
Buena entrada. Por todos los Mareques que hay dando vueltas. Desprotegidos y perdidos en su propia cabeza. Para que siempre haya un cacito a mano para ellos. Un beso, corazón.
Me ha encantado esta poesía.
Disculpa por no pasarme a menudo, pero ni tengo internet ni tiempo en mi nueva ubicación terrenal.
Tiempo al tiempo...
Mordiscos y aullidos.
Pobre Mareque mío, menos mal que existen Gertrús que le calienten pedacitos de vida. Ay mi Glo, que frescor hace por aquí, quien catara las sopitas calientes de ese Ángel cotidiano del tercero...
Besitos mil
una alegria saber de nuevo de ti...y siempre es agradable leerte porque te descubro en cada verso...
saludos
Gracias a todos por pasar a verme. He tenido unos dias ausentes pero sigo por aquí. Un abrazo pequeño y volador para cada uno.
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