Tú vasen cada uno de mis versos, madre,
tú fuiste parturienta
de letras y de mi.
Mi amado ser primero,
carne tierna, pura,
sangre caliente y roja,
el espíritu libre
del que libre nací.
Hija tú,
de un mar en calma,
brava como las olas,
guerrillera incansable
por la vida en la muerte.
Cicatrices de sietes
por tu cuerpo maduro,
esa dulce manzana
que será para siempre,
mi cuna.
Trajo el tiempo la sombra,
también trajo la luz.
Fantasmas
disfrazados de recuerdos,
recuerdos
hermanados al olvido,
dolores dolientes
para esos ojos verdes,
bellos supervivientes
detrás de los cristales de ver.
Tus ojos que sonríen,
que hasta llorando ríen.
Plenitud de guiños
a la embestida
del traidor Cronos,
intrépida navegas
en el vértigo
de sentirte una niña
con los labios burlando
que hasta llorando ríen.
Plenitud de guiños
a la embestida
del traidor Cronos,
intrépida navegas
en el vértigo
de sentirte una niña
con los labios burlando
los besos de cincuenta primaveras.
Tu canto es alimento,
gorriona de mis días,
hasta en tu desconsuelo
gorriona de mis días,
hasta en tu desconsuelo
descubro ramilletes de alegría,
en ti la siembra, madre,
de las felicidades de mi vida.
Cómo devolveré
con mi palabra humilde,
el aliento que dio
ser a mis seres,
el inmortal amor que me regalas,
madre pelicano,
dándome de comer , de tu pecho abierto.
en ti la siembra, madre,
de las felicidades de mi vida.
Cómo devolveré
con mi palabra humilde,
el aliento que dio
ser a mis seres,
el inmortal amor que me regalas,
madre pelicano,
dándome de comer , de tu pecho abierto.
























