Esta mañana la doberman no ha querido venir.
Ha venido otra, la pálida que solo llora y calla.
Se le han revuelto a la pobre las tristezas
antes del primer buche de café
y ha dejado la cocina
llena de charcos.
Ardía la bañera, los azulejos aún fríos. La ropa por el suelo, la carne incandescente, desnudeces ansiando el agua nueva. Baño de té, humo pompa, espuma deseo,