Memorias de una observadora
circunstancial pero avispáEl poder lleva un bolso de tous,
el culo de gimnasio
bien apretado
en un pantalón de armani.
Pasa a tu vera
y puedes oler la soberbia
de quien gana 6000 pavos al mes
por hacer no sé qué
(soporífero cargo de tres líneas),
en no sé qué
organismo público
(de 7 iniciales impronunciables)
y se sabe,
paradógicamente,intocable.
El poder suena a beso al aire,
escrupuloso,
mejillas meretrices,
sibilina impostura, habla poco
conocedor de los
brillantes precios
del silencio pagado.
Los chofers del poderaparcan coches de 7 kilos,
a las puertas de los restaurantes
más caros de la ciudad,
mientras los que
viajan en el asiento de atrás
beben en copa de plata,
vino bueno, claro,
y comen langostinos
que se salen del plato,
que pagan con la visa
de los de abajo.