Demasiados tachones
entre los dientes.
Abrazar peterpanes,
falsos blancos
derrotados
antes de trotar.
Siempre entra el frío
por la misma grieta.
Aúllo,
grito,
pataleo,
lloro,
muerdo,
araño,
callo.
Pero las teclas
no son mías.
Silencios,
repetir secuencias,
monólogos,
bucles idénticos,
en los que
mutismo,
parálisis
son
excusa,
alivio,
salvavidas,
mediastintas,
yugo
mortaja.
No la dejo salir
porque tiene los ojos en sangre.
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miércoles, 14 de diciembre de 2011
sábado, 3 de julio de 2010
presidente
era un hombre
tan pequeño, tan pequeño,
tan pequeño
con un ombligo
tan grande, tan grande
tan grande
que rara vez alcanzaba
a mirar un milímetro más allá
de su propio
ego.
tan pequeño, tan pequeño,
tan pequeño
con un ombligo
tan grande, tan grande
tan grande
que rara vez alcanzaba
a mirar un milímetro más allá
de su propio
ego.
domingo, 9 de marzo de 2008
LA MUJER DEL RELOJERO
La mujer del relojero
tiene una extraña locura,
ve a las horas despidiéndose,
tiene una extraña locura,
ve a las horas despidiéndose,
en la sopa encuentra agujas,
los minutos le han cosido
los ojales de la blusa.
los minutos le han cosido
los ojales de la blusa.
Al llegar la media noche
se despereza gatuna
y danza en los corredores
y danza en los corredores
hasta que marcha la luna.
La mujer del relojero
tiene una extraña dolencia,
va siempre llegando tarde,
del instante es pedigüeña,
manchada tiene la boca
con una balsa de ausencias.
Mira sin casi mirar,
corroída por la impaciencia
se le ha olvidado soñar.
La mujer del relojero
tiene síntomas extraños,
dice que dolores duelen
del alma y sus aledaños,
que los párpados le hierven,
que el dulce daño la besa
y la tristeza la acuna
en sus manos de tiniebla.
La mujer del relojero
padece un extraño mal,
que ha de entregarla a la muerte
pues no se puede curar.
No infecta,
no se contagia,
en ella se ha de quedar,
loca de esperas,
cegada en tiempo,
borracha de tic tac,
sólo pide,
sólo ansía,
sólo quiere,
lo que no le pueden dar.
La mujer del relojero
tiene una extraña dolencia,
va siempre llegando tarde,
del instante es pedigüeña,
manchada tiene la boca
con una balsa de ausencias.
Mira sin casi mirar,
corroída por la impaciencia
se le ha olvidado soñar.
La mujer del relojero
tiene síntomas extraños,
dice que dolores duelen
del alma y sus aledaños,
que los párpados le hierven,
que el dulce daño la besa
y la tristeza la acuna
en sus manos de tiniebla.
La mujer del relojero
padece un extraño mal,
que ha de entregarla a la muerte
pues no se puede curar.
No infecta,
no se contagia,
en ella se ha de quedar,
loca de esperas,
cegada en tiempo,
borracha de tic tac,
sólo pide,
sólo ansía,
sólo quiere,
lo que no le pueden dar.
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