miércoles, 17 de septiembre de 2008

LAS MAÑANAS DE CLAUDIA

El primer buche es siempre largo. Siempre se quema. Todas y cada una de las mañanas Claudia llega de la cama a la hornilla de milagro y no es nadie hasta que esa primera inyección de cafeína liquida se derrama en su boca pastosa, envuelta aún en el sabor del sueño. Todas las mañanas da un respingo en ese jodido primer buche y se quema, sintiéndose la lengua arder, maldiciendo su misma torpeza de todas las mismísimas mañanas. Luego, menos mal, se le olvida, y se mete en la ducha, recoge la ropa, hace la cama, pone la lavadora, corre a trabajar… y no se acuerda más del café y su odiosa quemadura hasta la mañana siguiente.
Algunas de todas esas mañanas que contienen el instante insufrible del hervor del café sobre sus labios rojos, Claudia es capaz incluso de recordar, no sabe bien si antes o después de que el café le queme, que también le quemó ayer. Pero luego se le olvida y barre el pasillo, limpia el baño, se viste, se va a trabajar… y no se acuerda más del café y su odiosa quemadura hasta la mañana siguiente. Y otra vez se quema.

1 comentario:

Katbago dijo...

Claudia, por Dios, échale leche fría al café!!! Que el día menos pensado se desprende la lengua chamuscada de tu boca y cae en el café. Las cosas hay que cuidarlas, para saborear mejor delicias y deidades de la vida.
Besitos mil, desde las lejanías concéntricas